06.07.09

Permalink 13:30:24, por jasencio3@gmail.com Email , 180 palabras   Spanish (ES)
Categorías: renta

No es poca cosa que gocemos de haber nacido en un país en el que los Derechos Humanos muestran el ineludible contexto en el que desarrollarnos como sociedad libre y compuesta de ciudadanos libres. Tampoco es poca cosa la manera en la que las leyes han cuajado en las instituciones propias de un Estado de Derecho el cual garantiza que, efectivamente, todos somos iguales en Derechos.
No obstante, creo que todas aquellas personas que a lo largo de la historia han sangrado para conseguir "librarse de la arbitrariedad de los poderosos" y por conseguir una existencia más digna y vivir en sociedades más justas no lucharon y murieron por conseguir derechos, antes al contrario, considero que lo hicieron por conseguir "hechos". Es decir, los que murieron en Chicago para conquistar, por ejemplo, la jornada laboral de ocho horas, no lo hicieron para "tener derecho a trabajar ocho horas", pues después todos sabemos que la esclavitud puede aparecer con cadenas más dulces. No es el derecho a una vida digna sino la vida digna en sí.

06.05.09

Permalink 11:32:08, por jasencio3@gmail.com Email , 135 palabras   Spanish (ES)
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En este blog intentaré aportar y recoger algunas líneas y, desde ellas, debatir en torno a dos temas que en su recorrido pueden ser bastante extensos, polémicos y ricos.
Por un lado creo que, en tiempos de crisis padecida básicamente por los sectores más desfavorecidos, es el momento oportuno y la oportunidad de abordar el tema de la Renta Básica de Ciudadanía: un salario básico que se cobra por el hecho de ser ciudadano o ciudadana y que, por tanto, no está sujeto a criterios económicos sino a criterios relacionados con los Derechos Políticos.
Por otro lado, el tema de la igualdad como requisito irrenunciable de la Democracia que tiene un componente de Derecho y otro, innegable, de hecho, los cuales parecen transitar en sentidos distintos.

05.05.09

Permalink 14:59:49, por jasencio3@gmail.com Email , 2779 palabras   Spanish (ES)
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La Renta Básica de ciudadanía
por Daniel Raventós
 

En un mundo como el de principios del siglo XXI, donde la acumulación privada de grandes fortunas convive con la más absoluta de las miserias, la libertad para centenares de millones de personas está seriamente amenazada cuando no ha sido suprimida ya completamente. La Renta Básica es un mecanismo institucional, dadas las condiciones socioeconómicas del nuevo siglo, para garantizar al conjunto de la ciudadanía, y a los residentes acreditados, la existencia material. De ahí el valor inmenso que esta propuesta puede llegar a tener en los próximos años.
 
 
 
 
Ningún observador ilustrado moderadamente inteligente podría sondear el estado del planeta y concluir que se puede arreglar sin una transformación profunda. En este sentido son los pragmatistas duros, y no los izquierdistas melenudos, los soñadores ingenuos.
Terry Eagleton.
Sobre la Renta Básica se han dicho muchas cosas, a favor y en contra. En ambos lados de la barricada podemos encontrar razones poderosas, razones de segunda división y sinrazones de desecho. Sea o no una lástima, ello es inevitable cuando esta original propuesta va siendo cada vez más conocida entre distintos agentes sociales. Yo estoy en un lado de la barricada, el de los que defienden la Renta Básica, y voy a intentar, de acuerdo con el título de este artículo, aportar algunas razones en su favor.
¿Qué es la Renta Básica?
Es un ingreso pagado por el estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva.
“Un ingreso pagado por el estado”. “Estado” puede aludir a una institución jurídico-política mayor que la de los estados-nación realmente existentes, como sería el caso de la Unión Europea; o puede referirse a ámbitos jurídico-políticos menores que el del estado-nación.
“A cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente”. En los distintos modelos de financiación de la Renta Básica hay variaciones de cuantía, de inclusión o no de los menores, de edades, de modo que se percibiría más o menos cantidad según la edad, etc. Pero en todos los casos se trata de una cantidad monetaria que recibirían los ciudadanos individual y universalmente, de modo que, por ejemplo, no estaría condicionado a determinados niveles de pobreza.
“Incluso si no quiere trabajar de forma remunerada”. Aunque luego insistiré sobre este aspecto, ahora solamente quiero dejar apuntado que muy a menudo se interpreta “trabajo” como sinónimo de “trabajo remunerado” o “empleo”. Hay buenas razones para pensar que la siguiente tipología es más adecuada: por un lado, trabajo con remuneración en el mercado; por otro lado, el trabajo doméstico, y, asimismo, el trabajo voluntario.
“Sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta”. A diferencia de los subsidios condicionados a un nivel de pobreza o de situación, la Renta Básica la recibe igual un rico que un pobre, lo que no quiere decir que ricos y pobres ganan; en realidad, en toda propuesta políticamente interesante de Renta Básica, los segundos ganan los primeros pierden. Financiar una Renta Básica no es imposible, ni tiene unos costos de otro mundo, lo que no significa afirmar que no es conflictiva políticamente. Cuando unos sectores sociales ganan y otros pierden, el conflicto está servido. En realidad, la Renta Básica, en este punto, no tiene nada de especial. Es conflictiva como lo han sido muchas medidas que a lo largo de los dos últimos siglos se han ido aplicando, con mayores o menores resistencias. Si la Renta Básica es concebida como un derecho de ciudadanía, excluye toda condición adicional. Como el derecho ciudadano al sufragio universal, la propuesta de la Renta Básica no impone condiciones adicionales a las de ciudadanía.
“Sin importar con quién conviva”. La Renta Básica no favorece una forma de convivencia determinada. Vivan bajo un mismo techo una pareja heterosexual o personas de varias generaciones, o un grupo de amigos o una pareja homosexual, todas ellas son formas de convivencia completamente independientes del derecho a percibir una Renta Básica.
No es una subvención, un subsidio o un seguro condicionado. Ni presupone la satisfacción de algún requisito, como el de demostrar un determinado estado de pobreza, estar buscando trabajo remunerado o haber perdido el empleo. Esta característica de la Renta Básica, la de no estar condicionada a requisito alguno distinto del ciudadanía o residencia acreditada, la distingue claramente del subsidio de desempleo, de los subsidios agrarios, de programas tales como “jefes y jefas de familia” argentinos, de las rentas mínimas de inserción que, centralizadamente, contempla la república francesa o, descentralizadamente, el reino de España.
Puede observarse que la Renta Básica es formalmente laica, incondicional y universal. Se percibiría, en efecto, independientemente del sexo al que se pertenezca, del nivel de ingresos que se posea, de la confesión religiosa que se profese y de la orientación sexual que se tenga.
Pero no hay propuesta sin críticos ni malentendidos.
La propuesta de RB se viene desarrollando a lo largo de los últimos cuatro lustros, tanto desde el punto de vista filosófico como económico. Junto a este avance han aparecido multitud de críticas. Hacer un inventario sería demasiado extenso y no muy útil. Sin embargo, creo que seleccionar algunas de las que continúan repitiéndose puede ayudar a una mejor comprensión de la Renta Básica.
¿Fomentará el parasitismo?
Esta crítica acostumbra a ir acompañada explícita o implícitamente de algunas confusiones. Entre otras: la que equipara trabajo con trabajo monetariamente remunerado y la que identifica no estar percibiendo ninguna remuneración monetaria por una actividad con “no estar haciendo nada”.
Hay una serie de actividades, trabajos, a cambio de las cuales no se percibe ninguna remuneración. Como se ha apuntado más arriba, hay un trabajo con remuneración monetaria, un trabajo doméstico y un trabajo voluntario. Si el trabajo con remuneración monetaria fuera el único, entonces las mujeres, mayoritariamente mujeres, por supuesto, que realizan trabajo doméstico no estarían trabajando. Punto que permite enlazar con la segunda confusión. No estar realizando un trabajo con remuneración monetaria no equivale a no estar haciendo nada. Es una posibilidad, pero puede ser perfectamente posible que se esté desarrollando un trabajo doméstico o un trabajo voluntario. Fijémonos en que existen muchos trabajos por los que se percibe una remuneración, a menudo muy generosa, y que sería fácil ponerse de acuerdo en que su utilidad social es inexistente o incluso contraproducente. Piénsese, por ejemplo, en las ocupaciones que tienen que ver con los ejércitos, muchos de los cuales han dirigido sus armas contra sus propias poblaciones, o en la de determinados cargos simbólicos, muy bien remunerados, tanto del sector privado como del público.
Entendemos que incurre en parasitismo quien obtiene un beneficio derivando parcial o totalmente el coste sobre otra persona. La crítica no es exclusiva de la Renta Básica. Cualquier medida que haya beneficiado a la población más pobre o con niveles de renta más bajos ha merecido siempre por parte de las derechas políticas y académicas, con alguna heroica excepción, y las patronales la acusación de que “fomentaría el parasitismo” o “la gente no trabajaría”. Precisamente la Renta Básica permitiría por primera vez en la historia de nuestra especie que todos pudieran hacer lo que desde siempre solamente han podido hacer unos pocos, la parte más rica de la población, a saber, la posibilidad de vivir sin hacer ninguna contribución. Pero, alegará todavía algún crítico insatisfecho, es justo que “el hombre que no trabaje, que no coma”, según se dice en la “Segunda carta a los tesalónicos”, de Pablo de Tarso. Sin embargo, en nuestro mundo, quien no disponga de tierras o de capital no puede elegir dejar de trabajar para otro, si es que la posibilidad de “no morir de hambre” se considera propiamente una alternativa. La implantación de una Renta Básica garantiza la reciprocidad; su ausencia la impide. Actualmente, sólo una parte pequeña de la población puede elegir entre trabajar remuneradamente o no hacerlo. Con la Renta Básica sería una posibilidad abierta a toda la ciudadanía. El principio paulino “quien no trabaja, no come” es efectivo solamente para los pobres, no para todos los componentes de la sociedad, en ningún caso para los más ricos. Hay ricos que comen y no trabajan.
¿Son mejores los subsidios condicionados dirigidos a los pobres?
Otra de las críticas va enfocada a atacar la universalidad de la Renta Básica. Los partidarios de esta crítica sostienen que son más justificables los subsidios dirigidos a los que “más lo necesitan”. Esta crítica apareció una millonésima de segundo después del renacimiento contemporáneo de la propuesta. La Renta Básica presenta ventajas técnicas con respecto a los subsidios condicionados dirigidos a los “más pobres”.
Los subsidios no universales tienen altísimos costes administrativos, en proporción al presupuesto general del programa condicionado. La Renta Básica representa una simplificación administrativa, como han reconocido incluso algunos de sus críticos. No hace falta añadir que esta característica puede ser crucial con vistas a una efectiva racionalización de las políticas sociales y de redistribución de la riqueza.
La Renta Básica se garantiza ex-ante , los subsidios condicionados, en caso de poder tener acceso a ellos, ex-post . Ello convierte a la RB en una medida esencialmente preventiva de la exclusión. Ello convierte a la Renta Básica en una medida esencialmente preventiva de la exclusión.
La Renta Básica permite eludir las llamadas "trampas de la pobreza y del desempleo" . Estas trampas aparecen por el hecho de que las cantidades monetarias de los subsidios condicionados no son acumulativas, es decir que son subsidios complementarios a una renta ya existente y hasta un umbral establecido. De ahí la inexistencia de estímulos para aceptar ocupaciones a tiempo parcial o de cualquier remuneración. Las trampas de la pobreza y del paro aparecen cuando la percepción de los beneficios, fiscales o de otro tipo, se halla condicionada a la verificación, por parte de las autoridades, de la suficiencia de los ingresos recibidos dentro del mercado laboral. A diferencia de los subsidios condicionados, la Renta Básica no constituye un techo, sino que define sólo un nivel básico, a partir del cual las personas pueden acumular cualquier otro ingreso.
La incondicionalidad de la Renta Básica trae consigo también la promesa de erradicar o mitigar diversas prácticas asistenciales fundadas en el clientelismo , y en los diversos y nocivos efectos conocidos de éste: formación de una burocracia parasitaria, formal o informal, y robustecimiento de las relaciones de dependencia.
Y aun hay que decir, finalmente, que la Renta Básica permite evitar los daños psicológicos y morales vinculados a la estigmatización social del perceptor de un subsidio condicionado.
¿Ha sido pensada la Renta Básica solamente para países ricos?
Esta es una crítica cuya única parte de verdad reside en el hecho de que los estudios más numerosos y sofisticados de financiación de una Renta Básica se han realizado en estos países. Ello ha sido así porque en los países ricos hay mayores posibilidades fiscales para financiarla. Hasta aquí la parte digamos “justa” de la crítica. Pero nada más. Desde hace ya algunos años, en países que no podrían ser considerados de ninguna forma en el bloque de los ricos, como Timor Oriental, Sudáfrica, Argentina o Brasil, entre otros, empieza a haber interés por la propuesta. Muchas de las virtudes de la Renta Básica quedan aún más subrayadas en las zonas donde más pobreza, dominación y miseria existen. Evidentemente, una Renta Básica en Timor Oriental no sería de la misma cantidad que en Canadá o Suecia. Y en Marruecos también sería diferente a la de, por ejemplo, Alemania. El criterio de “al menos igual al umbral de la pobreza” es un buen indicador aproximado de la cantidad de Renta Básica que permitiría poder vivir en distintas áreas geográficas. La forma de financiación puede ser muy diferente según los recursos y las posibilidades de cada país, si bien en los países ricos y también en los que tengan un sistema impositivo mínimamente desarrollado debe ir íntimamente ligada a la política fiscal.
¿Se financiará mediante recortes de las grandes conquistas conseguidas en el llamado estado de bienestar de algunos países ricos, como la sanidad y la educación públicas?
Si alguna crítica está o mal informada o cargada de mala intención es ésta. Desde hace treinta años, hay una gran ofensiva, en parte ya ganada, por parte de los centros de decisión de las grandes transnacionales para acabar con la seguridad y el bienestar material que una gran parte de la población trabajadora de Europa Occidental y de América del Norte había conseguido. Inestabilidad y condiciones más duras de trabajo y de vida han ido ganando terreno a lo largo de estos últimos seis lustros, mientras que los mercados financieros internacionales se han ido liberalizando.
Solamente tendría un cierto sentido criticar a la Renta Básica por su supuesta oposición al estado de bienestar si se quisiera financiar mediante recortes en la educación, la sanidad o las prestaciones públicas. Además de representar una barbaridad financiera, ningún partidario de la Renta Básica propone este recorte. Personalmente, añado lo siguiente para dejarlo bien claro: si así se financiase una Renta Básica, los efectos para la población más pobre y de menor renta serían muy probablemente peores que dejar las cosas tal como están.
La Renta Básica, aun obedeciendo a otra motivación que la que dio lugar al gran pacto posterior a la Segunda Guerra Mundial, del que se derivaron los estados de bienestar, es perfectamente compatible con el mantenimiento de la universalidad e incondicionalidad de la educación y la sanidad públicas. Además, dada la segmentación del mercado de trabajo actual, la Renta Básica podría ayudar a menguar las distancias entre los distintos sectores en que está dividida la clase trabajadora.
Una de las grandes fuerzas morales que puede llegar a suponer la defensa de la Renta Básica es que no solamente apunta a la evidencia de la terrible desigualdad del mundo contemporáneo, sino que apunta también a las menguas de libertad que trae consigo la gran desproporción de las rentas y de las riquezas. Igualdad y libertad no son dos objetivos a elegir independientemente uno del otro. Las grandes desigualdades sociales son un auténtico impedimento para la libertad de muchos millones de personas; y al revés, la falta de libertad de muchas personas, la necesidad cada vez más perentoria en que se hallan las poblaciones trabajadoras de pedir diariamente permiso a los ricos y a los muy ricos para poder subsistir en las condiciones dictadas por éstos, dispara a su vez el ulterior incremento de la desigualdad. Porque la pobreza, en efecto, no es sólo privación y carencia material, diferencia de rentas; es también dependencia del arbitrio o la codicia de otros, quiebra de la autoestima, aislamiento y compartimentación social de quien la padece. Quien cada vez tiene menos garantizada su existencia material, ve crecientemente menguada su libertad; y la creciente mengua de su libertad, redunda en el crecimiento de la desigualdad material.
Daniel Raventós
Universidad de Barcelona
danielraventos@ub.edu
http://www.redrentabasica.org

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